La vecina Rachel llama a la puerta pidiendo azúcar y acaba sin una costura puesta sobre la mesa del salón. El juego hentai arranca fuerte: la morena se deja comer el coño sin tapujos mientras el narrador lo cuenta todo en español, con esa naturalidad de las españolas follando de toda la vida. La alcoba queda a oscuras, alumbrada solo por la pantalla.
Después se lo monta encima del sofá y la narración no se detiene ni un segundo. Se oyen las palmadas y la voz del narrador a la vez, que es más raro de lo que suena. Al terminar, ella se anuda la bata, coge el bote de azúcar y se vuelve a su piso de al lado.
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