La idea ya lleva días rondándole la cabeza. El mejor amigo de su hijo se ha quedado a comer y ella se lo lleva al cuarto en cuanto se quedan solos, con la puerta cerrada a cal y canto. La cama tiene una funda azul con dibujos que a estas alturas ya les da igual a los dos.
Le mete mano sin dejar de mirar hacia la puerta. Después le baja los pantalones de un tirón y le hace una chupada tranquila, sin prisa, con el chaval medio sentado en el borde del colchón. Cuando ya está bien empalmado, ella se echa, le pasa las piernas por encima de los hombros y ahí sí sube el ritmo, quejándose bajito para que no se oiga desde el salón.
Aquí no hay producción, solo un móvil apoyado en la mesilla y una de esas españolas follando de verdad. En un momento dado suena algo en la otra cuarto y los dos se quedan quietos un segundo. Luego ella le hace una seña para que no pare.
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