Todo pasa en la cocina, con ella de espaldas y un vestido floreado que le llega a media pierna, removiendo el café sin saber que la están mirando. Se da la vuelta y suelta lo que lleva días repitiendo: una contractura en el cuello que no le pasa. El chaval le pone las manos ahí mismo, entre el fregadero y la ventana, con la luz de la mañana entrando de lado.
El masaje dura poco. Le baja las tiras del vestido, ella se apoya en la encimera y el asunto se va de madre, sin prisas pero sin vuelta atrás. Es de esas escenas de españolas xxx grabadas en casa un domingo cualquiera, con la cámara apoyada donde pilla. Acaban en el suelo, con el vestido hecho una bola junto a la basura, y a ninguno de los dos le importa ya el café.
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