La cosa va de equivocaciones. La madrastra, sin sus gafas, mete un par de habitaciones de más y acaba en la cama que no es, creyéndose que el de abajo es su marido. Él tampoco abre la boca para aclarar nada. Las gafas se quedaron en la mesilla, junto a un vaso de agua medio vacío.
Con el camisón de flores a medio poner, se pone manos a la obra sin sospechar nada. Es de las que saben lo que hacen: se lo monta despacio y de cerca, porque sin gafas no distingue ni la nariz, y el otro aguantando la respiración. Suena un móvil en la cuarto de al lado y ninguno se mueve a cogerlo. Es porno en español con subtítulos, para no perderse ni un jadeo. Cuando por fin cae en la cuenta del error, se queda quietecita un segundo, respira hondo y no se levanta.
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