Su madre no está y la andaluza se queda a solas con su padrastro en el piso. Llevaban tiempo con la tensión a flor de piel, miradas que duraban más de la cuenta y nada más. Una tarde, sin decirse gran cosa, se rompe el hielo de golpe.
Él empieza tocándole el muslo en el sofá y ella no se aparta. En un momento están los dos con poca ropa y la cosa sube de tono rápido. La cama rechina suave al fondo, suena algo de la tele en otra alcoba y nadie hace caso, ese morbo del porno andalucia casero sin más.
Ella se queda quieta un segundo después, recogiendo el aliento, y la escena corta ahí.
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