La hermanastra vuelve de fiesta y entra en el cuarto sin llamar. Él está tumbado en la cama y ella se le sube encima todavía medio vestida, que no se molestan en quitárselo todo. En las mesillas siguen encendidas las lamparitas y hay una estampa con una virgen que nadie retira de en medio.
Marca el ritmo desde arriba, se inclina y le agarra la nuca. No se dice ni una palabra en todo el rato. Un polvo de madrugada de los que salen solos tras una noche de copas, de esos vídeos de españolas follando sin guion ni cámaras alrededor, grabados porque sí y con la puerta del cuarto cerrada.
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