El reencuentro con mi ex empieza con un beso de los largos, de esos que los dos ya se sabían de memoria. El cuarto está en penumbra, una luz roja detrás de las cortinas, y nadie tiene prisa. La ropa va cayendo sola mientras la boca no se despega ni un segundo, como si no hubieran pasado meses desde la última vez.
Después viene lo de siempre. Las manos recuerdan por dónde iban y la cama rechina igual que antes. En un momento dado suena un móvil que ninguno coge. Aquí no hay producción, es porno español de andar por casa, con el morbo de lo que ya se conocen.
El final no llega con estruendo. Se quedan un buen rato tumbados, hablando de nada, sin moverse a ninguna parte.
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