La piba aparece en su cuarto con un conjunto negro y unas medias de red que se le marcan en las piernas. Detrás, las cortinas echadas y un par de cojines tirados en la cama. En el plano no hay nadie más: manda ella. Habla a la cámara sin pestañear y deja las órdenes claras desde el primer minuto, sin rodeos.
Te dice cuándo tocarte y cuándo soltar la polla. Un no no entra en sus planes. Entre orden y orden se acaricia ella, despacio, sin quitarse nada de lo puesto. Si estás harto de ver a las españolas follando sin control ninguno, aquí la cosa va de obediencia. Cuando llega el final te obliga a comerte tu propia lefa, sin derecho a réplica. Ella sonríe después y corta la grabación sin decir nada más.
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