La tía recibe la barra de chocolate y le saca partido enseguida. Se la lleva a la boca despacio, mirándolo por encima, con la cama a dos pasos. No hace falta nada más para que el tío se le ponga al lado.
Ella le baja el pantalón y cambia el chocolate por la polla. Se la chupa sin prisa, saboreándolo todo, hasta que él la tumba en la cama y se la mete con la ropa a medio quitar. Como todas las españolas follando en casa, ella va soltando la lengua y le cuenta lo que quiere entre gemido y gemido.
El papel del chocolate acaba hecho una bola junto a la almohada. Nadie lo recoge.
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