La tía se planta delante de la cámara con un conjunto rojo que le queda pegado al cuerpo. Se graba sola, con la idea clara de vender después lo que grabe. Posa un rato, sonríe y se mueve despacio, sabiéndose los ángulos de memoria. En la pared del fondo cuelga un teléfono fijo, de los de toda la vida.
Cuando se le antoja, se baja las bragas sin perder de vista el objetivo y sigue soltándose la lencería pieza a pieza. No hay nadie detrás de la cámara, aunque se mueve como si lo hubiera. Esto es porno español casero de los que se graban con el móvil apoyado donde caiga. El vídeo corta cuando por fin se queda quieta, de pie, mirando al frente.
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