La videollamada lleva ya un buen rato y ella decide pasarse de lista. Se queda solo con las bragas delante de la cámara, recostada donde el amigo de Barcelona pueda verla bien. Aquí no hay producción ni luces: porno español de andar por casa, grabado con lo que había a mano.
Se toca despacio, más pendiente de la pantalla que de sus propias manos. En un momento dado le entra una notificación al móvil y no le hace ni caso. Habla poco, pero se le nota cómo sube de tono por la forma de respirar. Se corre con la cabeza echada para atrás y el móvil medio torcido. Todavía se queda un rato ahí, recuperando el aliento, antes de cortar la llamada.
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