Mi hermanastra se planta en mi cuarto sin avisar y toma el mando del asunto. Viene cachonda y sin rodeos: me explica cómo tengo que follar a mi novia y, para que quede claro, lo demuestra en persona. Se quita la camiseta y se estira en la cama, con las sábanas hechas un cristo de la noche anterior.
Se sube encima y marca el ritmo ella sola, mirándome de vez en cuando para ver si voy apuntando la lección. Entre gesto y gesto se le escapa una risa nerviosa, pero ahí sigue, a lo suyo. Es porno español de barrio, grabado con móvil y sin guion. La tele del salón suena de fondo y nadie va a bajarla. Cuando parece que se acaba, cambia de postura y aprieta el paso. Todavía no ha dicho nadie quién acaba primero.
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