Naila se queda encerrada en el parking cuando acaba el partido, todavía con la malla amarilla que le marca hasta el alma. El vigilante aparece con las llaves y, en vez de abrir, se queda mirando. Ella lo entiende enseguida y se va quitando lo que lleva sin hacerse de rogar. Arriba, la calle ya está vacía y el suelo del parking está más sucio de lo que parece.
La pone a cuatro patas contra el capó y le da sin mucha ceremonia, con el eco devolviendo cada ruido. Es una de esas españolas xxx que no se quejan, al menos no de eso. Cuando termina, él le tira las llaves sin decir palabra y ella se queda un rato mirándolas en el suelo.
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