Discutir con el novio deja a cualquiera tocada, y mi amiga llegó a casa así, sin ganas de hablar. Se dejó caer en el sofá del salón, con la camiseta roja y el pelo recogido todavía hecho un desastre, y yo me arrodillé delante de ella sin planearlo. Los tatuajes de mis brazos quedaron a la vista en cuanto me quité el top negro de deporte.
Le aparté la ropa interior con dos dedos y le comí el coño despacio, atenta a cómo cambiaba su respiración. La cama rechinaba cada vez que se arqueaba y ninguna de las dos hizo caso. Parece escena de porno español casero, pero ahí solo estábamos nosotras una tarde cualquiera. Cuando se corrió, con un jadeo corto, se quedó mirando el techo. Luego se levantó y fue a la cocina por un vaso de agua, como si nada.
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